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La ultramaratonista mexicana Lorena Olvera rebasa los límites

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CIUDAD DE MÉXICO

En el mundo hay muchas pruebas que combinan el desempeño físico y mental de forma demandante. Pero hay una que fue creada únicamente para superhumanos, capaces de llevar sus sentidos más allá de los límites: el Ultraking.

Esta competencia es la única que demanda 10 kilómetros de natación, 421 de ciclismo, y 84.4 a pie, en modalidad non-stop, distancias que en la edición de este año serán desafiadas por la ultramaratonista mexicana Lorena Olvera.

“La distancia me apasiona, los tres deportes son un reto, y sentir tu cuerpo a través de cada barrera con los límites físicos y mentales, es una trascendencia que ya he vivido, pero en esta prueba se convierte en el máximo límite que he desafiado”, externó.

Acreedora a un Récord Guinness por un anterior desafío bautizado “Cuatro desiertos, cuatro cumbres”, en donde atacó cuatro ultramaratones (Tabernas, España; Fiambalá, Argentina; Laguna Salada, Baja California; y el Sahara), seguidos de la cumbre más alta de cada una de esas localidades (Mulhacén; Volcán de San Francisco; Pico de Orizaba; y Toubkal), Lorena, a sus 42 años, sigue asentando que no hay conquistas fuera del alcance del ser humano.

“Es una bestialidad esta distancia, pero me hago más fuerte para lograr cualquier cosa en mi vida diaria. Quiero llegar a ese punto, para ver desde esa cima todas las demás cosas”, explicó.

Lorena, sin aparente miedo, sigue el hilo su vida diaria como cualquier otra persona, a días de someterse a una prueba para muchos inverosímil. Es nutrióloga, coach mental, y madre. Estar frente a ella no ofrece rastros de sus capacidades, pero al charlar, explotan casi de inmediato las trazadas de su magnificencia.

“Voy por trascendencia y crecimiento como ser humano. Voy a tocar mi alma en el momento más crítico, a vencer y trascender. Eso sólo lo puedo lograr después de momentos críticos, de límite, y de apasionadas sensaciones, porque es el uso de todo tu cuerpo y de toda tu mente. Tocar mi alma a través de la pasión por el deporte”.

Es tal esa pasión que al explicarla Lorena quiebra la voz en momentos en los que es capaz de trasladarse a los ayeres que la hicieron llegar a un nivel mental monstruoso, en combinación perfecta con una empatía llena de humildad. Pero para llegar a estos escalones de vitalidad, se requiere pasar por filtros que pueden desembocar en la tragedia.

“El miedo durante la carrera me ha llegado cuando me he perdido, y el perderme genera mucho miedo, por el tiempo encima, porque cae la noche. Me ha pasado en la montaña y en el desierto. Pero el miedo más fuerte fue en la montaña, miedo por no regresar con vida, y eso es fallarle a tu familia, es fallarle a mi hija”, anota Olvera, quien sin reservas sabe que nunca estará exenta ante la naturaleza.

“Sé que los problemas van a suceder, pero sé también cómo luchar contra ese límite. Sé cómo salir adelante, traigo las armas dentro para matar a esos dragones, y esas armas se convierten en mis anhelos, mis motivaciones, mi hija, los compromisos, y ese cruzar la meta para la autorrealización”.

Es en estos momentos, cuando las montañas más altas y los mares más escandalosos se convierten en nuestras propias mentes. Un trabajo que Lorena, a pesar de dominar, debe seguir cosechando.

“El entrenamiento mental es fundamental, así como entrenas la parte física, entrenando en diferentes terrenos y distancias, es lo mismo en la parte mental, que la tienes que estar alimentando todos los días, no nada más con sesiones, sino desde que me levanto. Antes de Ultraman, nunca había cruzado una distancia de más de 160 km en bici y terminé 421 sin ningún problema. Te puedo asegurar que fue más de un 90% la parte mental la que me llevó a lograrlo, y le doy un 10% a la parte física”, confirmó.

Parte de este entrenamiento consiste en visualizar situaciones futuras. Lograrlo no es sencillo, pero Lorena ha conseguido dominarlo hasta llegar a un estado en donde la línea de meta es demasiado real. “Estoy llegando a la meta corriendo, de noche, viendo el castillo, una camioneta roja a mi lado, mi equipo aplaudiendo detrás de la meta, yo con un ligero dolor de pies, pero muy feliz por haber terminado… muy feliz… muy feliz… Lo logré, ¿cómo chingados no?”, exclama Lore durante su ejercicio, notablemente conmovida, con los ojos brillosos, que contienen las lágrimas por un instante, pero luego ceden.

EL ESTÍMULO DE SER MADRE

Los triunfos de Lorena son también de su hija de 10 años, Gia. La atleta mexicana nunca habla de sus logros en forma singular, pues para una pequeña de tan corta edad es también un desafío digerir las contiendas que encara su madre.

Ha sido difícil el camino después del Ultraman, para mostrarle a ella que venía otra prueba, otra prueba dura, otra prueba que me iba a retar, que iba a ocupar espacio y tiempo que podría pasar con ella”, relata Lorena, y resalta la madurez que ha obtenido Gia, quien ha logrado entender cómo formar parte de estas pruebas físicas a través del desarrollo mental.

Cuando yo empecé con este tipo de carreras de ultradistancia, ella empezó a llorar tiempo antes de que yo me fuera. Y le dije –ven, necesito hablar contigo, ¿qué tienes, por qué estás llorando?– Y ella me decía: –pues es que ya te vas, y me vas a dejar sola–, y recuerdo que le dije: –si yo me voy es para seguir creciendo, así como tú estás creciendo, y si yo me quedo y no cruzo esa meta, me voy a quedar chiquita, y los seres humanos necesitamos seguir creciendo. No nos podemos quedar ahí–. Y ese momento fue mágico porque nunca más volvió a llorar. Y ahora, esta vez que voy al Ultraking me dijo –mami, seguimos creciendo–”.

Lore tiene en Gia una motivación única y que permanece durante todos sus recorridos. Sin estar físicamente, su hija está. En el arranque y en el final, un final de dos, que desde antes ya tiene guion. “Lo logramos, Gia, lo logramos”.

EL DOBLE DEL IRONMAN

La competencia más exigente del planeta comienza el jueves su segunda edición. Serán 515.4 kilómetros en Badajoz, España, divididos en natación, ciclismo y carrera a pie los que conforman la prueba.

Serán 25 participantes escogidos minuciosamente, que formaron este desafío a partir de la pregunta: ¿Qué prueba es más difícil: un Ironman o un Ultraman? Esta cuestión los llevó a crear la más dura de todas.

Lorena Olvera será la segunda mexicana en esta prueba, y la primera mujer en el mundo. En la edición anterior Felipe Inda terminó el recorrido en 41 horas y 20 minutos, sin conseguir el reconocimiento de la competencia, que otorga un máximo de 36 horas para llegar a la meta.

El nado será en la Isla del Zújar, el ciclismo en la Siberia Extremeña, y el doble maratón partirá de Puebla de Alcocer, con meta en el Castillo de esta localidad. (Adrenalina)

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